Menu

Facebook

 

 

Columna Editorial. Abril 2021

Columna Editorial. Abril 2021

O SEA QUE...

¿“LO PRIVADO”, TAMBIE?N SE DESVANECE EN EL AIRE?

Aquella afirmación de M. Berman, “todo lo sólido se desvanece en el aire”, hoy, en tiempos de pandemia, parece retumbar a cada momento, y se ha vuelto una frase más que apropiada para graficar lo que esta? aconteciendo en el mundo.


						

Desde las grandes decisiones de la micropolítica hasta las situaciones más concretas de la vida cotidiana parecen tener ese carácter de provisionalidad como nunca antes, ya que pueden cambiar radicalmente en veinticuatro horas. Ya nada parece gozar de esa base “sólida”, y cada vez más tomamos conciencia de que, repentinamente, todo se puede desvanecer en tiempos pandemia.

Entre tantas cosas, también se desvanecen aquellas ideas que la derecha siempre nos quiso imponer como verdades absolutas y universales. Por ejemplo, que “lo privado es mejor que lo público”. Esa bandera histórica blandida por la oligarquía y por los que trabajan para ella, se utilizó? todo este tiempo para dar batalla contra todo lo que sea público o estatal. Sin embargo, ese valor, eficiencia, seguridad y garantía de “lo privado” se está? resquebrajando por su propio peso en tiempos de pandemia. Esto acontece no solo por la resistencia de siempre ejercida por las organizaciones y sectores populares, sino ahora también por las propias deficiencias que revelan su condición efímera y etérea. Y esto puede verse con lo que esta? pasando en dos instituciones propias de esta tradición: los sanatorios privados y los colegios privados.

Los Sanatorios privados, hoy están privando de camas de terapias intensivas a sus asociados privados. Por la saturación, los aportantes a las prepagas hoy padecen la privación de camas privadas –valgan las redundancias ex profeso-, y apelan al sector público exigiendo ser atendidos. Los adalides de la privatización hoy ven que los hospitales públicos del Gran Buenos Aires están recibiendo a los que, aun teniendo la cuota al día en CABA, no tienen camas privadas para evitar la muerte en público.

¿Dónde quedo? entonces esa idea de que lo privado es siempre mejor y más eficiente porque te garantizaba todo lo que en lo público funcionaba mal?

Al unísono y casi en un mismo paso de ballet, la mayoría de las familias que envían sus hijos e hijas a los Colegios privados de la Capital pretenden erigirse en los jueces pedagógicos para sentenciar el “si?” a presencialidad, a como de? lugar.

Desde la única jurisdicción del país en la que la educación privada es mayoritaria respecto a la educación pública (más de 54% de las escuelas en CABA son privadas) se pretende resolver la discusión a favor de la presencialidad como si ello se tratara sólo de un problema educativo y no de un problema esencialmente sanitario y epidemiológico.

Los sectores políticos que históricamente bregaron por la privatización y mercantilización de la educación hoy plantean que las escuelas tienen que estar abiertas porque en ellas no hay contagios, y además creen que todas las familias pueden llevar a sus hijos en automóviles privados y prescindir de los transportes públicos para llegar en burbujas inmaculadas al destino educativo. Recordemos que los que hoy vociferan por la apertura de las escuelas, son los mismos que cuando fueron gobierno denostaban el trabajo docente y cerraban escuelas públicas.

A su vez, los llamados “padres autoconvocados” que presentaron amparos en contra del decreto presidencial confunden “presencialidad” con educación, y son ni más ni menos que un grupo bancado por más de cien ONGs y fundaciones (de pensamiento privatista), entre las que se encuentran Cimientos, La Nación, Clarín y la Embajada de los Estados Unidos. Se trata del sector privado, que vive del subsidio del Estado y que, guiado por los intereses del mercado en complicidad con un ala del poder judicial que huele a podrido, pretende resolver la situación educativa del país pasando por encima a todas las instituciones democráticas.

Pero más allá? de la suerte que corra la supuesta solidez de “lo privado” debido a su propio accionar, hoy nos cabe la tarea de redoblar la defensa de la educación y de la salud pública. Y plantear un serio debate sobre lo que estamos diciendo cuando nos referimos a la “presencialidad cuidada”. Porque el problema de fondo no es “la presencialidad”, la cuestión de fondo es la vida y una “educación segura”, y esto se garantiza en las escuelas, en los hogares y las comunidades donde viven las y los docentes, las y los estudiantes, y sus respectivas familias; se garantiza también educando en los espacios físicos y en la virtualidad según las condiciones epidemiológicas lo permitan porque, recordemos, estamos en pandemia.

Hablemos de educación segura, entonces, porque la presencialidad cuidada, administrada o como se la llame, rápidamente se desvanece en el aire y no alcanza.

Buenos Aires, 24 de abril de 2021. Columna Editorial XXVIII

 

 

 

volver arriba