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Columna Editorial. Mayo 2020

Columna Editorial. Mayo 2020

La Educación (A) distancia

Una de las leyes que el sector político-ideológico de la derecha ha tenido siempre “entre ceja y ceja” es la Ley de Educación Nacional sancionada en el año 2006. Una ley que, entre otras cosas, pasó a definir a la educación como un derecho y no como un servicio tal como era definida por los proyectos neoliberales. 

Este empecinamiento de la reacción conservadora por la Ley no fue, ni es, justamente, para velar por su efectivo cumplimiento, sino todo lo contrario, fue para vulnerarla, mientras estuvieron en el gobierno, y para tratar de modificarla bajo cualquier pretexto cuando se instituyeron como “oposición”.

Ni en el contexto de pandemia se aplacó esta insistencia destructiva que, tras el manto disuasivo de “reforma jurídica”, esconde la verdadera intención política de terminar con la idea de la educación como derecho y del establecimiento del Estado como su principal responsable y garante.

Esta vez, se ensañaron con el articulado referido a la “educación a distancia”. Y no fueron pocas las voces que se levantaron argumentando que era un verdadero despropósito el Art. 109 de la LEN, que establece que “la educación a distancia está destinada a jóvenes y adultos mayores de 18 años”, justamente ahora que ésta se ha convertido en la principal herramienta educativa para todos los niveles y modalidades.

Cabe recordar que este articulado que limitaba la educación a distancia solo para los mayores de edad, tenía la intencional de frenar la instalación de un modelo cultural que sustituya a los sujetos sociales -en tanto sujetos colectivos- por usuarios individuales, como así también, no correr el riesgo de que la educación pública sea tercerizada o privatizada de manera velada y sometida a los criterios mercantilistas. Se pretendía no distorsionar la situación de mediación pedagógica en el entramado de una virtualidad donde la convergencia en tiempos y espacios diferenciales y aleatorios de estudiantes y profesores quedara librada a la voluntad individual, abstrayéndolos de sus respectivos contextos políticos, sociales, históricos y culturales en los que acontecen sus vidas. Y la consecuente descontextualización de los procesos de aprendizaje, de apropiación significativa de la cultura y de la producción del conocimiento.

Los debates no fueron pocos, y al momento de este editorial el proyecto de modificación el Art. 109 ya tiene media sanción en la Cámara de Diputados y espera su aprobación en Senadores para habilitar la modalidad “a distancia”, solo mientras exista la excepcionalidad provocada por la pandemia. Al respecto, es necesario comprender que pueden haber planteos con legítimas intenciones de algunos sectores de la sociedad que ven un avance en la reglamentación de la educación a distancia y en su institucionalización. Sin embargo, esto no puede hacernos perder de vista que también existe lo que un artista en esta semana graficó muy bien como a “los cretinos de siempre”, que, con sus proclamas banalizantes siguen trabajando para abrir las puertas de la educación a la mercantilización, no sólo en el contexto de pandemia, sino para la educación que se viene.

En este sentido, ya estamos viendo en algunas provincias cómo las plataformas de fundaciones y empresas privadas firman convenios con los Gobiernos para comercializar sus enlatados basados en el hacer “individual”, en la negación de las diferencias y desigualdades, en la precarización del trabajo docente y banalización de los contenidos.

El verdadero problema, entonces, no es la distancia, sino el negocio que se quiere hacer con la educación y el intento de incrustar los valores del mercado en este campo a través de las plataformas, portales y herramientas digitales del modo de dominación global.

La “educación a distancia” no es el problema porque, paradójicamente, ha permitido acortar algunas distancias educativas. Pero no todas… la desigualdad sigue… habrá que resolver esto también.

 

Buenos Aires, 7 de junio de 2020.

Miguel Duhalde

Secretario de Educación 

CTERA