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Columna Editorial. Abril 2020

Columna Editorial. Abril 2020

"EL DÍA DESPUÉS" YA ESTÁ SIENDO

Por estos días la prensa hegemónica vuelve al ataque sistemático contra la docencia, la escuela, “lo colectivo” y “lo público”

Se tiran ideas en formato de “notas de opinión” o “editoriales” del tipo:

“...en algunos hogares, se comienza a dudar sobre si la escuela hace lo mejor por educar. Hemos leído a muchos padres contar sus experiencias en las redes sociales diciendo que sus hijos resaltan que: este video es mucho mejor de lo que me enseña la maestra".

Aún embriagados por el sueño aspiracional del neoliberalismo, estos editorialistas de los medios hegemónicos, como el Diario La Nación, por ejemplo, imaginan que el paso de la pandemia dejará, entre otras cosas, un mundo sin organizaciones sindicales:

“...una mayor comunicación directa entre el Estado y los padres, en muchos casos logrando positivamente la desintermediación de los gremios docentes... Los padres pasarán a ser un actor más con un lugar en la mesa educativa”.

Reiteradamente, se sostiene el ataque a la docencia sentenciando que, pasada la pandemia, los y las que enseñan tendrán que cambiar sus prácticas, actualizarse, renovarse... aggionarse.

Con esta sentencia que pesa, o mejor dicho, que pretenden hacer pesar sobre el trabajo docente, nos quieren hacer creer que es sólo responsabilidad de lxs maestrxs y profesorxs la situación crítica educativa y el “atraso” tecnológico.

De todos modos, lo que estamos en el otro lado de la discusión también tenemos un sueño en el que esperamos (de esperanza) que el paso de la pandemia signifique “poner en remojo” al conjunto de las relaciones sociales, y no sólo a la docencia.

Nuestro sueño es el de un mundo en el que no sólo sigan existiendo los sindicatos, sino que estas organizaciones que han demostrado defender siempre los derechos colectivo salgan fortalecidas de ella crisis. Un mundo en el que no sólo podamos aggionar nuestras prácticas educativas, sino también nuestros salarios, nuestras condiciones laborales, los procesos de inclusión de los niñxs, jóvenes y adultxs con los más graves niveles de desigualdad, entre otras múltiples cosas que se tendrán que “actualizar”, “aggionar”, como el papel de los medios de comunicación, por ejemplo.

El Director de “Cuadernos de Pedagogía”, Jaume Carbonell, escribió hace unos días, “las cosas no podrán continuar como estaban. Una gran parte de la humanidad no puede seguir viviendo en un mundo tan injusto, tan desigual ... Como dice uno de los memes que más han circulado durante la cuarentena: “No queremos volver a la normalidad, porque la normalidad es el problema”. La ‘normalidad’ nos trajo la pandemia”.

En la misma nota, cita a Neal Ascherson, quien dice una obviedad, pero que no está demás repetirla hasta el cansancio: “Después de la pandemia, el nuevo mundo no surgirá por arte de magia. Habrá que pelear por él. Porque, pasado el susto, los poderes dominantes, por mucho que se hayan tambaleado, se esforzarán por retomar el control. Con mayor violencia, si cabe. Tratarán de hacernos regresar a la vieja ‘normalidad’. O sea, al Estado de las desigualdades permanentes”.

Entonces, no tenemos que esperar “el día después”, para empezar, porque el día después ya está siendo. Está siendo porque “seguimos educando” y a la par que reclamamos por mejores condiciones para la tarea de enseñar y para el ejercicio del derecho a aprender en condiciones dignas y de igualdad social. Está siendo en nuestras denuncias sobre el “uso de la niñez” por parte de los sectores concentrados de la economía para exigir el levantamiento de la cuarentena. Está siendo en esta demostración palmaria de la inutilidad de la Pruebas PISA. Sobre esto, preguntemos a la OCDE y a la empresa privada Pearson que las elabora: ¿cómo van a evaluar con un instrumento único, uniforme, homogéneo a los jóvenes de un mundo tan desigual? ¿Cómo van a evaluar con único instrumento a lxs jóvenes que viven en países con gobiernos irresponsables que liberaron las restricciones sanitarias bajo el legado “que mueran los que tengan que morir”, comparados con lxs jóvenes que viven en países donde el Estado interviene con políticas para garantizar la vida de la población por sobre todos las cosas? ¿Cómo armarán los “rankings” de los países en estas circunstancias?

El día después ya está siendo en la batalla cultural que damos los trabajadores y trabajadoras de la educación priorizando la vida y bregando por el fin de las injusticias que padecen los niñxs, jóvenes que estudian y los que no pueden estudiar.

El día después ya está siendo, y es un gran y largo día después... Habrá que pelear por él.

Miguel Duhalde Sec. Educación - CTERA

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