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Columna Editorial. Abril 2020

Columna Editorial. Abril 2020

PORQUE TE QUIERO, TE ACREDITO

“Porque te quiero te aporreo” era un dicho muy popular, que se solía escuchar muy a menudo…
¡Pero que contradicción tan grande! ¿No?

Seguramente pueda parecer muy exagerado considerar esta contradicción para establecer una analogía con el campo educativo. Porque el “te aporreo” era, en realidad, lo que recién hace muy poco tiempo conseguimos llamar “violencia de género”, “acoso”, “feminicidio”. 

“Te aporreo” y “te acredito”, entonces, no serían la misma cosa, y el parangón, repito, quizás hasta sea desafortunado. Pero, más allá de eso, esta frase popular es, sin dudas, una de las que mejor grafica la idea de “contradicción” en el campo educativo. Ya que pensar en “acreditar” los saberes y conocimientos que se están enseñando y aprendiendo en las actuales condiciones nos lleva a decir nuevamente, y en voz alta: ¡Pero que contradicción tan grande!

Hay un gran sector del pensamiento de derecha que sistemáticamente se encargó de desacreditar a la escuela y a los docentes, y que ahora quiere “acreditar” conocimientos y contenidos. Es el mismo sector que en todo este tiempo quiso prescindir del Estado y que ahora reclama su presencia a gritos. ¡Pero que contradicción tan grande! ¿No?

Desde que por la cuarentena se restringió la asistencia a las escuelas este mismo sector pregunta “¿cuándo comienzan las clases?”, mientras las voces de los/as docentes, por otro lado, se hacen sentir en la respuesta: “las clases ya comenzaron, con otra modalidad”.

Una modalidad (a distancia) largamente reclamada por el conservadurismo -porque es una de las mejores puertas para la entrada mercantil- y que ahora no es reconocida por ellos mismos, porque parece que creen que la enseñanza virtual no es sinónimo de haber “empezado las clases” ¡Pero qué contradicción tan grande! ¿No?

En este escenario también se suben al caballo los odiadores históricos de la Ley de Educación Nacional, que aprovechan cada oportunidad para presentar proyectos derogatorios o sacar notas en los periódicos hegemónicos pidiendo la eliminación de alguno de sus artículos. Ya lo habían hecho con el art. 97 para tratar de abrir la puerta al ranking de escuelas y, ahora, arremeten con el proyecto de Riccardo-UCR, contra el art. 109 que habla de la educación a distancia. No vale la pena gastar demasiados renglones al respecto, solo mencionar que el editorialista de La Nación dice que: “muchos nos sorprendimos al enterarnos de que la ley de educación nacional, sancionada en el año 2006 de esta era digital, no permite la educación a distancia para menores de 18 años…”. Sin embargo, todo lo que se plantea en el título VIII Educación a Distancia (Arts. 104 a 111), claramente es un resguardo del sistema de educación pública y lo que trata de evitar es el reemplazo de la escuela, de las clases, de la presencialidad y la asistencia por otro tipo de modalidades individualizantes y fragmentarias que traen consigo la llave para abrir las puertas de la mercantilización y la profundización de las desigualdades. 

Paradójicamente, y más allá de Riccardo, por estos días lo que más se oye es “¡cómo se extraña la escuela!”, “el encuentro con los compañeritos”, “no hay como la presencialidad”, “con lo virtual trabajo más que antes y me rinde menos”, “los maestros son irremplazables”, etc. etc. ¡Pero que contradicción tan grande! ¿No?

Igualmente, este sector ya está agazapado pensado en qué prueba estandarizada o mecanismo de variables y tablas de Excel podrán dar el resultado y los porcentajes de alumnos que aprendieron “los temas”, e incluso, si los que “aprendieron” son mayoritariamente de escuelas públicas o privadas, para seguir estigmatizando. 

Pero si hay algo que ha puesto descarnadamente en evidencia la pandemia es la desigualdad social, y por lo tanto, la inutilidad de las pruebas estandarizadas para ver lo que está pasando con los verdaderos problemas de la educación. 

Las actuales condiciones de crisis sanitaria y social, son la evidencia más grande de la inutilidad de las pruebas PISA y de muchos operativos de este tipo, y suena hasta ridículo pensar en la posibilidad de aplicar un mismo test a sujetos en condiciones de tamaña desigualdad social. Acreditar la desigualdad que ya vemos que existe, sería la gran contradicción. Lo que habría que resolver primero es la desigualdad.  

Entonces, ¿se puede seguir sosteniendo que, porque “queremos a la educación”, vamos a acreditar los contenidos que aprendieron los pibes en tiempos de conoravirus? O, más allá  de la cantidad de contenidos que aprendieron los pibes, nos vamos a dedicar seriamente a terminar con la desigualdad que sobrevisibilizó este virus. 

Esta semana, la entrañable Adriana Puiggrós, escribió que “frente a la pandemia podría haberse producido una retracción de la comunidad educativa, pero ocurrió lo contrario, como si la adversidad hubiera liberado energías, proyectos que no hallaban cauce, encontrando soluciones a problemas pedagógicos eternos, visualizado una nueva política educativa”. E inmediatamente sentenció: “La educación tiene una oportunidad. No la perdamos".

Miguel Duhalde

Sec. Educación - CTERA

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