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Columna Editorial. Marzo 2020

Columna Editorial. Marzo 2020

"TELETRABAJO" DOCENTE

Se prolongan los días de “aislamiento social preventivo y obligatorio” en nuestro país en el marco de la situación excepcional provocada por la expansión de la pandemia del coronavirus. 

A las primeras y rápidas respuestas del Estado y de toda la docencia para seguir garantizando el derecho a la educación con acompañamiento pedagógico, le sucedieron sendas reflexiones sobre cómo se está sosteniendo dicho acompañamiento, en qué condiciones y con qué recursos.

En esa tensión que hoy se da entre la necesidad de acompañamiento pedagógico y las condiciones de trabajo que existen para poder hacerlo, comienzan a delinearse algunas coincidencias y acuerdos generalizados por un lado, y nuevos interrogantes o cuestionamientos, por otro: “la escuela y los docentes son irremplazables”, “¿es necesario dar la misma cantidad de contenidos?”, “¿cómo hacemos para no profundizar las desigualdades con los estudiantes que no tienen las mismas condiciones de comunicación?”, “¿si estamos dando clases distancia, por qué ya hablan de recuperar los días?”, “¿cómo se va a evaluar esto…?”, etc., etc.

Evidentemente, en tiempos excepcionales como el que estamos viviendo pueden resultar muy valiosos, y así lo están siendo, los aportes que la docencia hace en el campo educativo con el teletrabajo y el uso de los recursos digitales. Ahora bien, ese teletrabajo, no debería reducirse a una tarea mecánica instrumentada para reproducir con otra modalidad un listado de contenidos y temas que ya estaban planificados para ser desarrollados en condiciones de “normalidad”. Y tendría que convertirse en una gran posibilidad para tomar aún más conciencia sobre la importancia que tiene la “situación de contexto” en cada proceso de enseña y de aprendizaje. 

La “situación de contexto” a la que hoy hacemos referencia tienen que ver, entre otras cosas, con la drástica transformación de la jornada educativa y laboral debido a la suspensión de las clases presenciales y a las restricciones propias de la cuarentena sanitaria vigente. El paso vertiginoso al “modo virtual” para el acompañamiento pedagógico, sumado a las situaciones generales de angustia y preocupación por la pandemia, están generando episodios de cierto estrés que aqueja tanto a las y los docentes y directivos, como a estudiantes y familias. 

En esta nueva situación, parece ser que producir contenidos virtuales requiere de más tiempo que el habitualmente dedicado para la preparación de las clases presenciales, y que precisa también de la disponibilidad de computadoras, cámaras, micrófonos y una adecuada conexión; también exige, por el otro lado, de estudiantes con dispositivos que tengan conectividad, algo que no sucede en todos los casos. A su vez, se desorganiza “el horario” debido a las distintas disponibilidades de tiempo que tienen los sujetos en las actuales condiciones: comunicaciones a toda hora, consultas de estudiantes y padres, urgencias, directivas y proliferación de mensajes por diferentes medios. La falta, en muchos casos, de espacios y tiempos propios para poder trabajar de manera concentrada en sus hogares. Ni hablar de problemas de salud por sobreexposición a las pantallas que ya venía padeciendo toda sociedad, antes de esto.

También hay que remarcar que hoy muchos directivos, junto a asistentes escolares y miles de docentes concurren a las escuelas para atender los comedores y/o planificar la distribución de bolsones alimentarios. Que el 62% de la docencia tiene dos cargos y que más de la mitad trabaja en 2, 3 o más escuelas, lo que implica interactuar con múltiples grupos de estudiantes, diversas comunidades educativas y autoridades. (Encuesta Salud, CTERA/2019).

Todo esto, en un contexto de arrastre en el que durante los últimos cuatro años se había reducido presupuesto en educación, entre ello, el INFOD con un 65% menos de recursos, con resultados como la eliminación de postítulos en entornos virtuales que hoy hubieran sido de gran utilidad. O el conocido desmantelamiento del Plan “Conectar Igualdad" y la gran cantidad de equipos no entregados o que hoy están si la debida actualización por el despido de los técnicos. 

Evidentemente, los medios tecnológicos resultan valorables, pero si se los entiende como lo que son; es decir, herramientas de acceso a la información y la producción de ciertos tipos de conocimientos, pero estos, de ninguna manera pueden reemplazar todo lo que acontece en las escuelas a la hora de enseñar y de aprender.

Se puede reconocer la importancia de la educación virtual, y más aún en circunstancias críticas como la presente. Se puede reconocer el trabajo docente y el papel de la escuela y del Estado en un proyecto educativo nacional. Y este amplio reconocimiento quizás implique repensar todo, para lo que está pasando y para el porvenir. 

Ahora bien, este reconocimiento no puede hacerse sin importar si con este proceso la balanza se termina inclinando hacia el lado de la educación pública como derecho social o no para el lado de la privatización y la mercantilización; o si esa balanza se inclina para el lado del mejoramiento de las condiciones laborales de los docentes y de las escuelas o para el lado de la precarización y la sobre-explotación laboral; o si la misma balanza se inclina para el lado de los que menos posibilidades tienen o no hace más que profundizar las desigualdades.

“La flecha está en el aire…”, hagamos todo para que caiga dónde tiene que caer.

Miguel Duhalde

Sec. Educación - CTERA

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