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Columna Editorial. Marzo 2020

Columna Editorial. Marzo 2020

"LAS CLASES... ¿EMPIEZAN?"

Los meses de marzo de cada año, los medios de comunicación suelen titular “las clases comienzan normalmente” o “las clases no comienzan”, etcétera, etcétera.

Sin embargo, para la docencia, las clases siempre comienzan porque al trabajo docente no lo entendemos solamente como la “cantidad” de horas que un educador está parado frente al curso “dictando” clases o como la “cantidad” de días que un alumno está “dentro” de la escuela. El trabajo docente es mucho más que eso y los procesos de aprendizaje requieren ser comprendidos en toda su complejidad.

En este sentido, las clases siempre comienzan a ser pensadas cuando las y los educadores, en plenas vacaciones, continúan buscando nuevos materiales y bibliografía, también cuando asisten a cursos de formación (muchas veces pagados de sus propios bolsillos) o cuando se disponen a pensar en renovadas secuencias didácticas para los grupos de estudiantes que tendrán a cargo. Estas clases se siguen repensando en los meses de febrero, cuando esos mismos educadores y educadoras se reintegran a las escuelas y en el trabajo institucional comienzan a planificar con sus compañeros lo que van a desplegar en el año y a coordinar con los directivos los respectivos proyectos curriculares. Luego, en los meses de marzo, se produce el encuentro con los estudiantes, para dar otra forma y otra gramática a esas clases que ya venían siendo pensadas, imaginadas, soñadas.

Una gramática escolar, cabe remarcar, que siempre está mediada por el conflicto. Porque el conflicto es intrínseco a las relaciones sociales. El conflicto no es ni malo ni bueno, es sencillamente constitutivo de las sociedades compuestas por distintos sectores que poseen sus respectivos proyectos, necesidades, intereses y/o posiciones. Entonces, ese encuentro por la “acción educativa”, a veces se da en el aula y otras se da en las calles, en las marchas o en las plazas. Pero siempre se da; lo que a veces cambian son las formas y los contenidos a enseñar; son las tramas y las cuestiones a pensar; son los modos y los sentidos del aprender.

Lo único que no cambia es que siempre se enseña y se aprende. Por ejemplo, llevando a cabo una medida de fuerza en el marco de una lucha por los derechos sociales también se está enseñando. ¿Qué materias se enseñan? Educación cívica, derecho, historia, lengua, expresión artística, geografía... ¿Qué temas? Ciudadanía, democracia, derecho laboral, el mapa de las provincias, las canciones populares, los bailes callejeros, las operaciones de suma, resta, multiplicación y división, las palabras que se escriben con minúsculas y que merecen ser escritas con mayúsculas, como Educación, por ejemplo… ¿Qué valores se promueven? Justicia, dignidad, igualdad, solidaridad, fraternidad… La cantidad de días y/o la cantidad de horas que los alumnos permanecen en las escuelas y en las aulas es muy importante, pero es necesario entender que no sólo con “la cantidad” se mejoran los procesos de aprendizaje ni se garantiza una educación de calidad.

Esa importancia de incrementar el tiempo escolar debe estar acompañada por las políticas que “cualifican” las condiciones en las que transcurre el tiempo escolar. Esas condiciones a mejorar no son sólo “los salarios”, son también la infraestructura, la formación docente, la salud laboral y escolar, las situación social y económica de las familias de los estudiantes, la composición de los puestos de trabajo docente, los sistemas de inclusión socioeducativa, sólo por mencionar algunas. Desde nuestras organizaciones sindicales siempre ponemos estas cuestiones en discusión, y no lo hacemos sólo al “inicio del ciclo lectivo”. Lo planteamos siempre y en distintas instancias, como la paritaria, los congresos, las reuniones parlamentarias, los cursos, las comisiones técnicas… y también lo planteamos en las calles, en los medios, en las marchas, en las plazas, con la lucha y en cada medida de fuerza, toda vez que resulte necesario. Por eso decimos que, de una u otra forma, las clases siempre empiezan.

Miguel Duhalde

Sec. Educación, CTERA  

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