Menu

Facebook

 

 

Palabras de Hugo Yasky en la apertura del Congreso Pedagógico de CTERA

Palabras de Hugo Yasky en la apertura del Congreso Pedagógico de CTERA

Buenas tardes a diez mil compañeras y compañeros que están formando parte de esta inmensa convocatoria, que seguramente tiene que hacer sentir muy orgullosos y orgullosas a la compañera Sonia Alesso, a los organizadores del encuentro, y a nuestros compañeros y compañeras de las entidades de base de CTERA, que son los que tienen en sus manos la posibilidad de que esta convocatoria y de que esta magia se concrete.

Poder estar reunidos al mismo tiempo a lo largo de toda la geografía del país, convocados por Paulo Freire, convocados por esos cien años que se cumplen de su natalicio, sintiendo que formamos parte de esa América que hace poquito en el acto hermoso que hicieron los compañeros de la CNTE de Brasil, de alguna forma nos volvió a hacer sentir parte de ese sueño colectivo que es la educación pública. La educación pública como un derecho social, pero también la educación pública como un arma para transformar , como lo dice Freire, a las personas, a los jóvenes, a las mujeres y a los hombres, en cuyas manos está la posibilidad ciertamente de transformar la sociedad.

Creo que es justo empezar recordando a aquellos compañeros y compañeras que estuvieron desde el primer día ocupando lugares esenciales para que la pandemia se pudiera enfrentar, tratando de mitigar el dolor y la penuria de muchos que en la condición del aislamiento social quedaban prácticamente sin la posibilidad de acceder a la comida diaria. Un reconocimiento enorme a las maestras, a los maestros, profesoras, profesores, un recuerdo emocionado a las y los que perdieron su vida trabajando, demostrando en la práctica qué significa la solidaridad de los que nos sentimos parte de ese enorme cardumen que compone nuestra clase y también que compone la humanidad.

Solamente se habrán sentido a salvo, superiores, los que, desde un poder privilegiado, tienen la posibilidad de sentirse individuos que no necesitan de nada ni de nadie. Nosotros no, nosotros nos sentimos parte de un colectivo.

Creo que el tema que nos convoca tiene una enorme pregunta y muchas respuestas que iremos encontrando a lo largo del debate, y que vamos tratando de encontrar a lo largo de nuestras luchas.
¿ Qué docencia, qué escuela? La pandemia hizo que estas preguntas todavía adquirieran mayor profundidad. La pandemia con esa presencia disruptiva, que apareció de pronto y que se metió en nuestras vidas, generando una enorme estela a su paso de confusión, de desorden. El tener que aprender a vivir de otra manera, el tener que manejar el miedo y la incertidumbre cotidianamente, el tener que empezar a familiarizarnos con esto que en otra época hubiese sido casi un absurdo, es decir si la escuela, si la educación es presencial o no es presencial, jamás nos hubiésemos hecho en otro momento esta pregunta. Lo cierto es que creo que este irrumpir de la pandemia le sirvió a quienes tienen el poder económico, a quienes forman parte de esas elites que dominan dentro de nuestros países, pero también en el mundo, para construir todavía mayores brechas de desigualdad.

Hoy está demostrado después de casi dos años, de este increíble fenómeno, que los que eran pobres son hoy todavía más pobres, que los pocos que eran muy ricos, son todavía muchísimos más ricos. Y creo que este fenómeno nos pone frente a un hecho, y es que de alguna manera el caos, la incertidumbre, la incerteza, la inseguridad, el desorden en nuestra vida es un elemento que beneficia a aquellos que son dueños del poder económico.

Yo recordaba en estos tiempos de pandemia a un ministro de educación, Esteban Bullrich , que hablaba de la incertidumbre, que los seres humanos nos teníamos que acostumbrar a vivir permanentemente en un estado de incertidumbre, no dar nada por seguro, y que esa incertidumbre de alguna manera teníamos no solamente que tomarla como parte de una convivencia cotidiana, aceptar que vino y se quedaba para siempre sino de alguna manera disfrutar la incertidumbre. Y en realidad cuando nosotros vemos el efecto disciplinador que tiene la incertidumbre, la inseguridad, de qué manera es funcional para aquellos que tienen el poder, la inseguridad de saber si voy a tener o no trabajo, la inseguridad de no saber si teniendo trabajo tendré estabilidad o no.

Ahora están proponiendo una ley para eliminar el derecho a la indemnización, lo cual terminaría siendo como una suerte de gatillo fácil para el despido. La incertidumbre de no saber si mi trabajo como docente, vamos a hablar en primera persona de los docentes. Si mi trabajo como docente tiene sentido, si mi trabajo como docente aporta para la vida de la comunidad que me rodea, si mi trabajo es un trabajo que la sociedad valora, si ser docente es motivo todavía de orgullo para el que ejerce la función, si para la comunidad la condición del docente es una condición que genera respeto. Es decir, todas esas preguntas que en otra época no se hubiese hecho nadie pero que hoy nos la tenemos que formular porque hay un intento permanente de socavar nuestra autoestima como docente, hay un intento permanente de interpelar y hacer que la sociedad interpele a los docentes como culpables de algo que no se sabe bien que es, pero que en todo caso se sintetiza con esa frase lacónica de los que quieren destruir la escuela pública, diciendo: la educación ya no tiene absolutamente ninguna posibilidad de responder a la necesidad de la sociedad.

Ese trabajo permanente y cotidiano de los que pretenden convertir a los educadores en autómatas y a las escuelas en lugares donde como decía Freire:” las destrezas y ciertos conocimientos técnicos vinculados a saberes muy funcionales a la demanda del aparato productivo, termina limitando el horizonte de nuestro trabajo”.

Son todas cuestiones que tenemos que poner entre signos de interrogación, que les tenemos que poner texto, porque muchas veces la sentimos, porque muchas veces nos desgasta y hace que no sintamos el orgullo, la alegría de vestirnos con un guardapolvo blanco, el orgullo y la alegría de enseñar, de ejercer ese oficio, que básicamente es un oficio vinculado a la libertad, al pensamiento crítico, al pensamiento transformador.

Los grandes grupos dominantes tienen la capacidad en los momentos de caos y confusión, de disciplinarnos a través del temor. Ese diciplinamiento a través del temor que logra que en el desorden las cuestiones que tenemos que discutir se transfiguren, se conviertan en discusiones que pierdan absolutamente el sentido.

Terminamos discutiendo durante un año de pandemia la presencialidad, como si se pudiese dividir entre aquellos que promueven la presencialidad o que promueven la educación virtual como si fuesen dogmas, doctrinas. Como si hubiese alguna razón que permitiera constituir bando en pugna en torno a una cuestión tan clara, tan fácil de explicar.

Pero esa es la confusión, esa es la capacidad de los medios, de generar esa especie de turbulencia permanente en nuestras cabezas que nos pone en un estado de incerteza, de incertidumbre.

Creo que tenemos que recuperar ese orgullo que la CTERA proclamó en su declaración de principios del año 1973, el 11 septiembre cuando se constituyó. Cuando dijo: “Los trabajadores y trabajadoras de la educación tenemos que estar comprometidos con la construcción de un poderoso instrumento de liberación que es la educación pública.” Cuando dijeron “nuestro camino”, pero también “nuestros destinos” están atados a la suerte de la clase trabajadora. Y revindicamos esto, revindicamos en este momento en el que la Argentina, América Latina, el mundo se debate para encontrar de alguna manera, la forma de sobrevivir a estas leyes crueles e inhumanas que intentan imponer los neoliberales, que intentan imponer la economía de mercado, que intentan imponer aquellos que pretenden que aceptemos y que trasmitamos como el orden ideal, aquel que triunfan los poderosos sobre los débiles.

En este momento revindicar nuestra condición como docentes de seres libres, de seres con pensamiento crítico, de seres que no nos vamos a doblegar ante la imposición de los poderosos, revindicar en este acto de homenaje a Paulo Freire ese contenido en la educación, es convertir nuestra tarea, convertir nuestra escuela en un ámbito donde seres libres van a forjar un destino mejor.

Creo que nos merecemos este encuentro, nos merecemos el debate que va a sobrevenir y fundamentalmente nos merecemos ser conscientes de que estamos ante una posibilidad de transformar una realidad que contra lo que querían los poderosos, todavía en este siglo 21 no está definida a favor de ellos y en contra de los que menos tienen.

Por más que lo prohíban a Freire, por más que estigmaticen a la educación pública, por más que quieran silenciar a los docentes con pensamiento crítico, la flecha está en el aire, la pelea continua y el horizonte de transformación está al alcance de nuestras manos, de las nuestras, de nuestros alumnos y de la clase trabajadora a la que pertenecemos. Gracias y fuerza con los debates que siguen.

Buenos Aires, 24 de septiembre 2021

Hugo Yasky - Presidente de la IEAL - Internacional de la Educación América Latina / Secretario General de la CTA / Diputado Nacional

volver arriba